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  • 05 Diciembre 2016
  • 39
El Reino Libre de Gluten (Cuento completo)

El Reino Libre de Gluten
Alan Klapperich
Director de Filial
Grupo de Intolerancia al Gluten del Este Central de Wisconsin
www.gigofecw.org • https://www.facebook.com/GIGofECW

Capítulo 1

Érase una vez, en un reino no muy lejano, vivía un caballero muy fuerte  y guapo. Como todos los caballeros de su época Sir Alcher prestó juramento para mantener los valores de fe, lealtad, coraje y honor; una tarea que él tomó muy en serio. Detrás de cada gran caballero existe una gran dama; Lady Pechal no era la excepción. Mientras que su trabajo no era tan aventurado como el de su esposo, era igual de importante. El trabajo de Sir Alcher era proteger a todos los demás, la tarea de Lady Pechal era cuidarlo a él, para asegurarse que estuviera saludable y feliz. No se dejen engañar por su aptitud en las artes culinarias; ella podía manejar una espada tan fácil como un cucharón. Una protectora para un protector; ¡un trabajo muy importante de verdad!

Sir Alcher era conocido en todo el territorio por sus destrezas físicas y su habilidad para matar dragones. El haber arrebatado a la hija del rey, de las garras de tal bestia le creó gran fama y honor al caballero, así como agradecimiento por parte del rey. Sin embargo, a pesar de sus extraordinarias habilidades, el caballero podía sentir  que sus poderes lentamente se esfumaban. Él sabía que algo estaba mal. Él hubiera jurado que cada noche bebió un poco de más de la cerveza y el vino del rey; pero esto no sucedió gracias a Lady Pechal. El valiente caballero hizo todo lo posible para luchar contra el maléfico hechizo, pero éste era tan poderoso. Sus entrañas se sentían como si se hubiera tragado un dragón. Temía que él también echaría fuego por la boca; ¿Tal vez esa era la revancha de la bestia por todas las muertes de dragones? ¡Las batallas requerían la máxima concentración posible y un solo descuido podría costarle la vida! ¿Cómo podría proteger el reino si siempre estaba enfermo, cansado y malhumorado? El constante declive fue muy problemático no solo para él, pero también para Lady Pechal y su rey.

Después de mucha persistencia, Lady Pechal fue capaz de convencer al siempre obstinado caballero de consultar a un doctor. De hecho, él visitó varios doctores en el reino. Cada uno de ellos usó su sabiduría en un esfuerzo por solucionar el sufrimiento del caballero, pero ninguno de ellos fue exitoso. Una cosa muy peculiar es que había otros en el reino que sufrían de cosas similares. El caballero Alcher continuó enfermándose y consumiéndose ante los ojos de los demás. El demonio fue consumiéndolo poco a poco, así como a los otros. Una noche después de la cena el caballero se encontró a sí mismo doblado de dolor, tembloroso y sudoroso. Él no esperaba volver a ver la luz del día. Así como pasaba de lo consciente al inconsciente, Alcher recordó encontrarse con un ser muy peculiar durante uno de sus viajes.

Roderick, el mago, vivía muy lejos en otro reino. Nadie sabía mucho acerca del solitario mago excepto que hablaba con un acento diferente y se consideraba como “excéntrico” o  “completamente loco”. A diferencia de otros, el caballero no le temía. Tal vez solamente porque Roderick era el indicado para ayudarlo. El caballero estaba dispuesto a intentar cualquier cosa con tal de reestablecer su vida.

Después de varios días de cabalgar Sir Alcher llegó, exhausto casi a morir, a la casa del mago. Una vez dentro se sentaron y Roderick comenzó a escuchar al caballero. Comprendiendo y entendiendo todo lo que le era revelado. Después de un poco de reflexión Roderick silenciosamente se levantó y se desapareció entre su enorme biblioteca. Estaba llena de manuscritos antiguos, gráficas, pergaminos y mapas – todo lo que se puedan imaginar e incluso algunas cosas más allá de la imaginación.

En algún momento Roderick apareció con una ligera sonrisa y un montón de manuscritos. Pronunció palabras  del antiguo físico griego Hipócrates – “Dejar que el alimento  sea tu medicina y la medicina tu alimento”.  El mago preguntó al caballero si él alguna vez había considerado al alimento como su enemigo. Desconcertado por la pregunta tan extraña, Sir Alcher  respondió no y preguntó por qué. Compartiendo de esa sabiduría inusual para su edad, el mago le explicó al caballero que los mortales enferman porque sus cuerpos se rebelan contra alimentos ofensivos como los campesinos enojados contra su rey opresivo. El caballero pensó cuando él se sentía de lo más mal – ¡sí, era después de que había comido! Las cosas ahora comenzaron a tener sentido.

Roderick continuó explicando que muchos alimentos podrían hacer que el caballero enfermara, pero iban a comenzar con los más ofensivos. Él sugirió a Alcher no comer alimentos con trigo, cebada, centeno y avena, porque éstos contenían una sustancia llamada gluten. Esto significaba no panes, no pasteles, no bollos, no cervezas o cerveza de malta. Trigo, cebada y centeno son las tres principales siembras que cosechaban los agricultores del reino.

Para entonces la cabeza de Sir Alcher le daba vueltas más rápido que un molino de viento moliendo trigo en un día ventoso. Aturdido y confuso, el caballero le preguntó a Roderick: ¿Cómo es que él debía saber todo eso? Roderick sonrío y le dijo a Alcher no temer, él le enseñaría todo mientras se recuperaba. Tú verás hacer lo que los magos hacen y sabrás lo que los magos saben; ahora Roderick sabía que el gluten estaba detrás de muchas enfermedades en el reino. En el transcurso de varios meses, el mago generosamente compartió sus conocimientos de medicina, alimentación y nutrición. Alcher aprendió que cada bocado es importante cuando se trata de nutrición y cada “skerrick” [el término del mago para una pizca, una migaja, una pequeñísima cantidad] debía ser eliminada; solamente cero gluten será – sin gluten – siempre.

La salud de Alcher mejoró continuamente durante su estancia con Roderick. Comenzó a regresar la agudeza mental, la fortaleza física y la resistencia. El noble caballero, empezaba a sentirse como él mismo otra vez. Al principio, Alcher estaba escéptico de las afirmaciones de Roderick acerca de los efectos del gluten. ¿Cómo podría “el pan de vida” ser de hecho “el pan de muerte”? Roderick le explicó que ningún humano está preparado para digerir el gluten adecuadamente.

Era el momento para Alcher dejar esa seguridad  que ofrecía la casa cero-gluten del mago. Él ahora estaba bastante bien como para sobrevivir al viaje de regreso a casa y sobre todo bien armado; en esta ocasión con conocimientos. Su caballo estaba cargado con pergaminos y manuscritos llenos de recetas e información nutricional, harinas exóticas con cero-gluten y semillas para plantar granos con cero-gluten. Antes de salir, Alcher de nuevo agradeció a Roderick por toda su ayuda. El mago amablemente aceptó los elogios de Alcher, pero le dijo que eran innecesarios; Roderick simplemente hacía su parte para cumplir con el destino. Alcher lucía confundido. Roderick le reveló que el caballero había sido elegido por sus habilidades. ¿Elegido? ¿Elegido para qué Alcher se preguntó? El caballero ha sido llamado a una nueva misión para eliminar gluten en lugar de eliminar dragones. Existe mucha gente enferma en el reino y él debe ayudarla. El gluten es un adversario mucho más grande y peligroso que cualquier dragón. Roderick le señalo a Alcher que él luchó contra el gluten y ganó; él sabe lo que se necesita para ganar. Con esta nueva pieza en el rompecabezas, Sir Alcher pone en marcha su nuevo viaje a un nuevo destino. ¡Que te vaya bien! Buena suerte en la creación de un reino sin gluten.

Capítulo 2

El caballero se montó sobre su caballo palafrén favorito, Chaser. Chaser fue elegido por su suave andar, lo cual sería más cómodo en este largo viaje. Los caballos jugaron un papel muy importante en la vida diaria del reino. Fueron usados para transporte, agricultura, cacería y por supuesto el llevar a los caballeros a las batallas. A menudo, los caballeros que eran muy ricos poseían diferentes tipos de caballos; cada uno se usaba para una tarea específica. Para cabalgar y viajar, los mejores y más caros eran los caballos palafrén, como lo era Chaser. Los caballos destrier eran muy conocidos por su fuerza, velocidad y agilidad, lo cual los hacía perfectos para ser caballos de batalla. Una vez que se puso cómodo, Alcher  no pudo dejar de notar lo bien que se sentía estar nuevamente de regreso en su silla de montar.

Con un suave golpe de sus talones en los costados de Chaser, Sir Alcher comenzó su viaje de regreso a casa. Una llovizna ligera comenzó a caer al momento de que volteó por última vez para decir adiós con la mano a su nuevo sabio amigo. Roderick agitó su mano y gritó: “¡Qué estés bien mi amigo! Recuerda que cada bocado cuenta”.

Alcher sonrió y respondió “levantando sus pulgares” en señal de aprobación, y desapareció entre el bosque.

Castillo-Dulce-Castillo estaba a varios días de viaje. Este tiempo de tranquilidad le permitió a Alcher pensar acerca de todo lo experimentado durante su estancia con Roderick. Ha sido un tiempo de grandes cambios y desconciertos. Su vida ha sido ahora completamente volteada de arriba a abajo. Muchísimos detalles, muchísimas reglas. Hubo mucha información que Roderick trató de meter a la vez en su cerebro, Alcher pensó que de seguro ¡su cerebro iba a explotar! La avalancha de pensamientos y emociones fueran todas muy abrumadoras y frustrantes. Alcher se preguntaba: ¿Qué tal si el mago estaba equivocado acerca de todo esto? ¿Tal vez el gluten no sería la razón de su enfermedad? ¿Si en realidad era un problema, por qué él, por qué ahora? Él estaba molesto porque esto iba a cambiar su vida  como ya lo sabía – nada sería lo mismo nunca más. ¿De verdad ganó la batalla contra el gluten tal como lo dijo Roderick? Alcher se detuvo a medio pensamiento y se dio cuenta que Roderick le dijo que experimentaría estos pensamientos y sentimientos. El caballero estaba de duelo; estaba molesto y entristecido por lo que el gluten le había estado haciendo a su cuerpo y a su vida.

Era de esperarse y completamente normal sentir tristeza, enojo, felicidad, sentirse frustrado, confuso – algunas veces todo a la misma vez. Roderick previno a Alcher no ignorar todos estos sentimientos. Porque si lo hacía, él tendría un demonio viviendo dentro de él, mucho más peligroso que un dragón de tres cabezas. Muy en el fondo, Alcher sabía que necesitaba acudir a alguien en quien confiara; alguien con quien pudiera hablar de sus sentimientos. Un escalofrío violentamente recorrió su espina dorsal de arriba a abajo.

Siguiendo los pasos de su padre, Alcher había sido entrenado para ser un caballero desde la edad de los 7 años. Sin embargo, absolutamente nada de esto lo prepararía para la tarea más difícil que se le haya pedido a cualquier caballero, en cualquier reino – es decir lo referente a sus sentimientos. Angustiado pensó,  ¡sería mejor ser arrojado a una fosa con miles de ratas hambrientas! El entrenamiento de Alcher lo preparó para hacer las cosas correctamente y “caballerosamente”. Él sabía que tenía que lidiar con esto, así que se comprometió con él mismo a hacer lo correcto.

Todo el mundo se aflige en determinado momento de su vida; reyes, reinas, campesinos, adultos, niños y sí también los caballeros valientes y poderosos; cada uno de una forma diferente tan única como su huella dactilar. La aflicción llega cuando uno se da cuenta de que las cosas solían ser diferentes de la forma en que las cosas son ahora. Hablar sobre esos sentimientos con una persona de confianza es una forma de dejar ir el pasado y prepararse para el futuro. Desde que Alcher había estado tan enfermo, era aceptado dejar ir esa enfermedad con el fin de prepararse para mejorar su salud. Sí, significaba que su ‘antigua normalidad’ de su forma de vida ya no lo sería más, pero valdría la pena el esfuerzo el recuperar su salud y crear una ‘nueva normalidad’. Será un trabajo duro, pero para el caballero no era extraño el trabajo duro. Después de todo, uno no es caballero si no se tiene compromiso, dedicación y trabajo duro; lo mismo aplica para vivir sin gluten. Sir Alcher hizo una promesa. Los caballeros siempre cumplen sus promesas, pase lo que pase.

A estas alturas Alcher y Chaser estaban medio día más cerca de casa. La lluvia se detuvo, las nubes estaban desapareciendo y el sol resplandeciente con sus rayos directos de luz. Era una vista gloriosa a observar. Seguramente esto era una señal de que la vida de Alcher estaba en el camino correcto. Adelante en la distancia, podía ver una luz trémula. Era el reflejo del sol en algo brilloso, pero ¿qué? Un estirón rápido en las riendas de Chaser los hizo detenerse. Por instinto el caballero revisó para estar seguro que todavía tenía su espada con él.  Ya que todavía no se sentía completamente fortalecido, Alcher debía ser cauteloso ya que no sabía que le esperaba por delante. Si eran unos bandidos, sus habilidades momentáneas para luchar podrían no ser capaces de salvarlo. Podría también ser probable que lo superaran en número. En este momento un enfrentamiento directo podría no ser el plan más inteligente. Hay una línea delgada entre la valentía y la insensatez y esta situación requería más de inteligencia que de fuerza.

En el camino donde estaban era el único en esa área – ningún otro camino de entrada, ningún otro camino de salida – sus senderos se cruzarían. Analizando la topografía del terreno y su ubicación, vio que había campo abierto un poco más adelante. El campo abierto no le ofrecería protección alguna o algún lugar donde esconderse. Se encontraría a la intemperie y desprotegido. El elemento sorpresa es una táctica importante en la guerra; algo que Alcher sabía muy bien. La opción más inteligente era quedarse en el bosque donde había lugar suficiente donde esconderse. Esconder a un humano es una cosa, pero esconder a un humano y a todo un caballo es, por supuesto harina de otro costal.

Saltando, Alcher dirigió a Chaser entre el bosque al lado del camino. Él quería adentrarse lo suficiente hasta camuflase, pero no demasiado lejos que él no pudiera ver el camino. La maleza era densa, pero no lo suficiente como para ocultar a un caballo que era 16 manos de altura [una mano equivale a cuatro pulgadas]. Ya que la naturaleza no le había proporcionado la protección necesaria, Alcher tendría que crearla – y de prisa. Encontraron un montón de arbustos que no requerían tanto trabajo para obtener una cobertura completa. Sacando su hacha de su alforja, comenzó a cortar ramas de buen tamaño para agregar a los arbustos ya existentes.

Después de algunos arreglos creativos y estratégicos, ya tenía algo que les sería útil. Después de guiar a Chaser detrás de la cortina de hojas, regresó al camino para ver que tan bien estarían escondidos. Él quedó muy impresionado con su trabajo. Algún día cuando sea demasiado viejo para realizar trabajos de caballeros, a la mejor podría vender arreglos florales a las gentes del pueblo. Riéndose de sí mismo, regresó a esperar en el lugar donde estaba Chaser. Aunque él no quería hacerlo, le quitó a Chaser la pesada alforja. Necesitaban estar preparados para cualquier cosa, el estar sobrecargados con la valiosa carga de Roderick no les permitiría tener óptima velocidad y agilidad. En caso de salir vivos de esta situación, ellos podrían regresar por la carga. Después de montar a Chaser, cortó solo unas cuantas ramas para que pudiera tener una mejor vista del camino.

Terminó justo en tiempo ya que el silencio del bosque se vio interrumpido por el ligero ruido de un galope. Cada vez galopes más rápidos; éstos viajaban a un ritmo acelerado y cada vez se escuchaban más fuertes. El corazón de Alcher estaba latiendo casi igual de rápido que esos galopes. Con los ojos cerrados, escuchando cuidadosamente, trató de determinar cuántos venían en el grupo. Sus oídos le dijeron que uno, pero quería una confirmación visual antes de hacer cualquier decisión. No le tomó mucho tiempo a sus ojos ver lo que sus oídos habían escuchado – un caballo, un jinete. Alcher suspiro aliviado – uno a uno eran mayores probabilidades. Analizando al caballo y al jinete, le parecían extrañamente familiares. La marca en el caballo, la vestimenta y la postura del jinete parecían muy similares  a la de su escudero ¡Cavalon! Era necesaria tener una vista más de cerca y sin obstrucciones. ¿Por qué su caballero en entrenamiento estaría ahí?

Alcher y Chaser comenzaron a salir de los arbustos tan rápido como les era posible. Una vez en el camino, Chaser una vez más estaría a la altura de su nombre; rápidamente alcanzaría a su objetivo que tenía por delante. En poco tiempo ellos iban a todo galope y acercándose cada vez más. El viento azotaba a través de la cabellera de Alcher y la adrenalina corría por sus venas. Todos sus sentidos estaban a su máximo esplendor, sintiéndose más vivo que durante todo el año anterior.

Chaser estaba en forma perfecta. Era como si el jinete y el caballo fueran uno solo; ambos se movían y trabajaban juntos en armonía. Ejemplos perfectos de un excelente caballo y un experto jinete. Ellos estaban ahora probando del polvo café y arenoso que era levantado por el otro caballo, Alcher comenzó a gritar con la esperanza de que el jinete volteara a verlo y se detuviera. Estaba seguro que era Cavalon, de hecho apostaría su vida en ello. En cuanto Alcher se acercó a unas pocas yardas, el jinete volteó a su izquierda y miró hacia atrás. Cavalon se sorprendió de ver a Sir Alcher ¡persiguiéndolo! Cavalon jaló las riendas del caballo y se detuvo completamente.

¡“Sir Alcher”! exclamó Cavalon, “el rey lo necesita. La princesa Cristiana ha caído enferma y él cree que usted pueda ayudar”.

Alcher no podía creer lo que escuchaba. No estaba exactamente seguro de cómo él era capaz, ya que él no era un doctor, pero si el rey pidió su ayuda, así será. “Haré cualquier cosa que me sea posible, en la medida de mis capacidades”,  contestó Alcher. Él giró de vuelta a Chaser para regresar por el camino en el que venían. “Lo mejor será que nos pongamos en movimiento. Necesitamos recoger mi alforja. Tengo el presentimiento de que necesitaré lo que hay dentro de ella”.

“Exactamente ¿de dónde venía usted?”, preguntó Cavalon. “¡Usted apareció de la nada!”.

Alcher sonrío satisfecho, “Ahhh, mi buen y fiel estudiante, no te he enseñado todavía todos mis trucos. Todo a su debido tiempo. Por cierto, excelente cabalgata. Fue muy difícil la persecución  para lograr alcanzarte”.

Sonriendo de oreja a oreja, Cavalon levantó su pecho y le hizo una reverencia, “gracias, ¡usted me ha enseñado bien, Sir Alcher! ¿Esperaba que le fuera fácil? Realmente debería confiar más en sus habilidades de enseñanza”. Ambos se rieron.

“Bien hecho”, elogió Alcher. “También necesitamos hacer algo al respecto de ese objeto brilloso que tienes en tu silla”.

El caballero y su escudero corrieron de vuelta para recoger la alforja antes de dirigirse a casa. Alcher esperaba y rezaba por que el cargamento valioso ayudaría a restaurar la salud de la Princesa Cristiana. Hay mucho en juego, y la carga era pesada como una piedra de molino. Para el caballero, el rey y mucho más importante la princesa, fracasar no era una opción. 

Capítulo 3

Alcher y Cavalon fueron más allá de cualquier límite del hombre y del caballo. Cabalgaron día y noche, parando solamente lo suficiente para descansar y alimentar a los caballos. Durante la noche, la luz de la luna llena les permitió andar de forma segura su camino. La noche azul pálida lentamente le dio camino a la luz del amanecer.

Cuando Alcher y Cavalon alcanzaron la cima de la cordillera, el sol apareció sobre el horizonte. Una señal de alivio pudo escucharse de cada uno de los jinetes y sus caballos. Casi estaban en casa, podían olerlo en el aire. El cielo azul claro estaba lleno de nubes como si fueran algodones de azúcar esponjosos de color naranja, rosa y morado. El aire puro y fresco de la mañana y la calidez de la madre naturaleza crearon una cubierta sedosa de niebla baja que fluía por encima de todo el paisaje.

La villa se encontraba justo al otro lado del valle. De hecho, si ellos miraban con detalle a través de los árboles, podían ver una de las torres del castillo. Después de un breve descanso, continuaron su camino a casa. El sendero serpenteaba hacia abajo a la orilla de la cima y hacia el valle hasta que se encontraron con el río Vita. Pasaron varias horas y el sol cada vez se situaba cada vez más alto en un cielo totalmente despejado. Sería un día perfecto para una cabalgata, si ellos no estuvieran en la silla de montar por aquello que parecía una eternidad.

En todo el camino a casa, Alcher habló muy poco. Hundido en sus pensamientos, él estaba preocupado por la salud de la princesa Cristiana. El haberla salvado de las garras de un dragón unos años antes, creó entre ellos una conexión especial. Incluso Lady Pechal se volvió más cercana a ella. Con un guiño y una sonrisa, Pechal secretamente le pasaría una galleta horneada recién hecha, ocasionando que Cristiana mostrara la risilla más hermosa. Eso derritió el corazón de Pechal.

El débil rechinar de la rueda del molino de agua en la distancia fue suficiente para que Alcher repentinamente despertara de sus propios pensamientos. Sorprendido, se dio cuenta que ya se encontraban a las orillas de la villa. A los lados había campos de granos con ondas de color dorado.

Con el sol brillante y la suave brisa, los cultivos de cebada y trigo lucían como un mar de oro. Alcher sabía que esos campos de oro estaban enfermando a muchos en el reino. El trigo, la cebada y el centeno tenían que irse por el gluten, pero todavía él no había descifrado exactamente como eso iba a suceder.

La agricultura era la principal fuente de alimentación en el reino. Era un trabajo difícil y agotador que realizaba la clase más baja de la población en el reino. Los campesinos eran los más pobres de los pobres y muchas veces los más enfermos de los enfermos. Sus condiciones de vida eran precarias, lejos de lo ideal. Las casas con pisos sucios fueron hechas con ladrillos de lodo y los techos de paja de trigo. Dormían en las pilas de paja de trigo con troncos de madera como almohada. En las noches, sus animales eran traídos adentro para que el calor de su cuerpo proporcionara algo de calor.

El rey permitía que los campesinos vivieran en sus tierras a cambio de bienes y servicios. El trigo, la cebada, el centeno, el maíz y una gran variedad de vegetales eran cultivados no solo para alimentarse ellos mismos, pero también para los nobles como Sir Alcher, Lady Pechal, como también el rey y su familia.

Cuando pasaban por el Molino, el rechinar ya estaba a todo volumen. Aquí es donde el trigo, centeno, cebada y el maíz eran traídos para ser molidos hasta hacerlos harina. El agua del río daba vueltas a la rueda del agua; la rueda  daba vuelta a la piedra; la piedra molía los granos hasta convertirlos en harina; las harinas eran usadas para hacer numerosos alimentos, tales como: panes, galletas, pasteles y donas. Así como debía resolver lo de los cultivos de gluten, también habría que resolver lo del molino. El pulverizar harina provocaba mucho polvo que flotaba por horas en el aire, respirar y tragar el polvo no es diferente a comérselo. Cualquier maíz molido en el molino estaría cubierto con gluten, haciendo que algo que era seguro, ahora ya no lo fuera.

A la vez que se acercaban al centro de la villa, el mercado bullía en actividad. Los lugareños compraban, vendían e intercambiaban cualquier alimento extra que cultivaban, animales que criaban, productos caseros que ellos hacían. Piensa en lo que sea y ahí lo encontrarás. Los comerciantes gritaban a pecho abierto para conseguir que los compradores voltearan a ver la mercancía en venta; los compradores regateaban con los comerciantes para obtener los mejores precios. Uno de los comerciantes más populares era el panadero de la villa. Sus productos horneados llenaban el mercado con aromas maravillosos y tentadores. Todo aquello que tenía a la vista, los ruidos y los aromas estaban siendo abrumadores para los sentidos de Alcher.

“¡Oh eso huele muy bien! ¡Tengo hambre como una bestia!” gritó Cavalon. “Necesitamos comer un poco de ese pan”.

Alcher no podía negarse. Después de dos días de alimentos limitados, su estómago gruñía como un oso. Sentía como que ese pan se acercaba para jalarlo  hacia él. A la vez que pensaba en ese pan calientito y crujiente, se le hacía agua la boca.

“Toma y apresúrate”, dijo Alcher ciñendo sus cejas, a la vez que le aventaba una moneda a Cavalon. Al mismo tiempo Cavalon se bajó de su caballo y corrió hacia el panadero. Alcher volteó a todos lados para ver si alguien los observaba, pensaba que alguien lo pillaría hacienda trampa.

Cavalon regresó con una gran pieza de pan. Antes de subirse a su caballo, se lo paso a Alcher. Alcher lo dudó por un momento. Cavalon le paso de nuevo el pan. Alcher finalmente lo agarró.

“¿Y bien, se va a quedar viéndolo o se lo va a comer? ¡Apresúrese, tengo hambre!”, suplicó Cavalon.

Él solo tomó un pedazo pequeño y le dio el restante a Cavalon. Cavalon agarró el pan y rápidamente se metió pequeños pedazos en la boca. Alcher se quedó viendo el pedazo de pan por largo rato y lentamente lo llevó hacia su boca. En cuanto le iba a dar una mordida al pan, Chaser comenzó a encabritarse. A la vez que Alcher fue expulsado de su silla, el pedazo del pan se fue volando en el aire. Tan pronto como cayó al suelo, uno de los perros de la villa se lo engulló.

“¿De qué se trata todo eso?”, balbució Cavalon con la boca llena de pan, escupiendo migajas por todos lados.

“No estoy seguro, pero creo que tengo a alguien que me cuida”, replicó Alcher. “¡Necesitamos llegar al Castillo, ahora!”.

A pesar de que tenía tan poco tiempo de estar ya en casa, la realidad de su vida diaria libre de gluten había sido una bofetada en la cara. Ciertamente no era como la casa libre de gluten de Roderick el mago. Tantos lugares que esconden el gluten; ¡demasiadas tentaciones! Alcher se dio cuenta que si hacía trampa, no solo se hacía daño a él mismo, pero también a todos aquellos a su alrededor.  Mucha gente contaba con él para que siempre diera lo mejor de sí mismo. Si él hubiera comido de ese pan, estaría muy enfermo como para cuidar a la princesa Cristiana. Su propio comportamiento lo hizo enojarse.

Un poco más adelante estaba el Castillo, un regalo para la vista y trasero adoloridos. En comparación con otros castillos, este era un castillo regular. No muy grande, no muy chico, era del tamaño justo. Como muchos, fue construido en lo alto de una colina lo cual hacia más fácil detectar a cualquier atacante que se acercara.  Las cuatro torres altas eran redondas, no cuadradas. Esto les daba a los guardias una vista muy clara alrededor de ellos porque no había esquinas donde esconderse. Ningún castillo estaría completo sin un puente levadizo y un foso lleno de peces dragón que comían humanos y oscuros calabozos.

Todos pasaban a través de una garita que era como un vestíbulo, para entrar a los terrenos del Castillo. La entrada principal era la parte más vulnerable del Castillo, esto significaba que debería ser bien defendido y construido con inteligencia. Debía permitir a la familia, amigos y empleados entrar fácilmente, pero también debía de mantener fuera a los atacantes. Muchas trampas y obstáculos eran usados para detener a los visitantes no deseados. Puertas grandes y de metal pesado bloqueaban la entrada y salida de la torre de entrada. Si atacantes eran atrapados entre las puertas, piedras pesadas y agua hirviendo podía ser tirada a ellos. También los arqueros podían disparar flechas a través de varios orificios alineados en las paredes.

Alcher y Cavalon pasaron a través de la puerta de entrada hasta el patio. Se dirigieron directo al establo para que los caballos pudieran tener una adecuada alimentación, atención y descanso. Aliviado de estar en casa, Chaser resopló su aprobación. Alcher como siempre muy suavemente se bajó de su silla y se estiró. Sus rodillas y su trasero estaban hinchados de las largas horas de cabalgata. Para mostrar su agradecimiento, Alcher levantó su brazo para frotar detrás de ambas orejas de Chaser. Chaser bajó la cabeza hacia Alcher como si dijera  “Ahhh, por favor, no te detengas”.  Si había una cosa que a Chaser le encantaba, era ser acariciado.

“Bien hecho mi amigo de cuatro patas. Me has servido de nuevo muy bien, gracias”, murmuró Alcher, a la vez que le daba a Chaser las dos últimas zanahorias que quedaban.

A la vez que le daba las riendas al muchacho del establo, le dijo, “por favor revisa a Chaser cuidadosamente, ha tenido un par de días muy difíciles. Se ha ganado también un cepillado extra”. Alcher siguió su camino hacia Cavalon.

“Bien hecho mi fiel escudero, tu desempeño fue excelente”, alabó Alcher, a la vez que ponía su mano en el hombro de Cavalon.

“Gracias Sir Alcher, viniendo de usted, eso significa mucho”, Cavalon sonrió y asintió. Hubo un momento extraño de silencio. Nerviosamente Cavalon se agitaba con su silla de montar. “Puedo decirle que usted ha estado preocupado por la princesa Cristiana. Yo sé que ella significa mucho para usted y sé que hará su mejor esfuerzo por ayudarla. Le deseo suerte”.

“Gracias Cavalon. Sí, estoy preocupado”, replicó Alcher. “Se me ha pedido ayuda, pero ¿qué tal si no tengo esta vez lo que se necesita? Estoy temeroso no por mí, pero por la princesa. Ella tendrá que pagar el precio si yo fallo. No estoy seguro si puedo vivir con eso”.

Alcher se acercó a la alforja llena de todo el cargamento de Roderick. Un gruñido escapó cuando él se agachaba a levantarla. Por alguna razón parecía más pesada que la primera vez que la llenó. Señor, el conocimiento es pesado, pensó. Cansado y adolorido, se dirigió al encuentro de sus corazones, Lady Pechal y la princesa Cristiana.

Capítulo 4

Encaminándose por el patio, Alcher paso por un lado de la hermosa capilla y la casa del sacerdote. Él siempre había admirado los coloridos vitrales que llenaban ambos edificios. El tener una capilla y un sacerdote en el castillo era una señal de importancia, pero también era una estrategia inteligente de defensa. Solo los más incivilizados  atacantes le causarían daño a un sacerdote o a sus edificios. La religión jugaba un papel muy importante en la vida medieval; no importaba si eras un rey, un noble o un campesino. Era una práctica muy común que la gente asistiera a misa cada mañana.

Si había un lugar en el Castillo donde encontrar a Lady Pechal, sería la cocina. Era ahí donde ella se sentía en casa. El crear deliciosas comidas para otros era lo que alimentaba su alma, llenaba su corazón con júbilo. Mientras que ella amaba cocinar, su actividad favorita en la cocina era hornear.

Cuando era pequeña, Pechal traía un banquito a la cocina para pararse junto a su madre cuando ella preparaba la comida. Pechal suplicaba que la dejaran ayudar, así que le enseñaron labores sencillas de cocina. Conforme las iba perfeccionando, le asignaban nuevas tareas. Poco a poco ella aprendió “los trucos de la cocina”. En los comienzos de su adolescencia, ella era capaz de hacer casi todo para preparar las comidas de su familia. Sin embargo, todavía no se le permitía trabajar cerca de la lumbre. Al paso de los años, ella siguió expandiendo sus habilidades y sus conocimientos. El rey estaba muy impresionado, que le pidió que fuera parte de los empleados de la cocina. Eso era un gran logro para una mujer, porque en los tiempos medievales los empleados de la cocina eran mayormente hombres.

La cocina medieval real era una operación bien organizada y sincronizada que requería de muchos sirvientes y ayudantes. Era un cuarto grande con un fregadero para lavar; estufas de leña y hornos para cocinar y hornear; varias tablas de trabajo grandes para cortar alimentos. Había hileras de ollas, cacerolas y una gran variedad de utensilios colgados de las paredes. Las ventanas eran muy altas para que pudiera entrar más luz a todo el lugar. A la vez que un ligero humo de la estufa de leña llenaba la habitación, rayos de sol entrecruzados hacían que la habitación pareciera el escenario de un concierto. Los talentos de los empleados puede que no fueran musicales, pero ellos transformaban ingredientes simples en una sinfonía de sabores. El sonido de los cuchillos picando, las cucharas meneando y las ollas repicando hacían un tipo de música propia. La gente que creaba los platillos eran grandes estrellas rocanroleras de la cocina.

Por varios minutos Alcher se quedó silenciosamente parado en la puerta de la entrada para ver aquella presentación que tenía lugar ante  sus ojos. Nunca antes había pensado en lo que sucedía en la cocina. La comida simplemente “mágicamente” aparecía cuando era puesta ante él en el comedor. Estaba tan  sorprendido con todo lo que había visto. Tenía tanto agradecimiento por la habilidad, talento y esfuerzo que se requería para preparar la comida que él comía. Comenzó a darse cuenta de que estas – generalmente desapercibidas – personas serían de gran importancia para él, si es que quería estar saludable. Educar a los empleados de la cocina acerca del gluten, sería otra tarea que cumplir. Afortunadamente, Lady Pechal sería de gran ayuda, pero primero ella debería ser instruida.

Entre el ajetreo y el bullicio de la actividad, logró ver a Lady Pechal haciendo una fogata en un rincón lejano. Él se dirigió cuidadosamente entre los trabajadores para llegar hasta donde ella estaba.

“¿Cómo un caballero hambriento puede tener algo de comer aquí?”, preguntó en voz alta, a la vez que soltaba su carga preciosa.

Hundida en sus propios pensamientos, Pechal fue sorprendida por su voz. Su corazón salto de la sorpresa y emoción. El amor de su vida había regresado de un largo e incierto viaje. Ella no había tenido noticias de Alcher desde que él dejó el castillo para ir en busca de la ayuda del mago.

“¡Alcher finalmente estás en casa!”, gritó Pechal. Lanzó sus brazos alrededor de él y lo apretó fuertemente. Después de soltarlo de aquél abrazo de oso, ella le acarició la cara y miró sus ojos azul grisáceo. “He estado muy preocupada por ti. ¿Cómo te has sentido? ¿Estás bien? No luces tan pálido ¿Qué has encontrado? ¿Cómo era el mago? ¿Estás bien?”, preguntándolo todo de a la vez. 

“Calma, calma”, sonrió Alcher, limpiándole las lágrimas de sus ojos. “Tenemos mucho de que hablar, pero estoy mucho mejor. Roderick el mago fue capaz de descifrar lo que estaba mal. Me estaba enfermando por la comida”. 

“Entonces”, gruñó Pechal, a la vez que se trataba de limpiar la cara tiznada. “¿Mi forma de cocinar te enferma?”. 

“¡No, no, no!”, Alcher se carcajeó y levantó sus manos y lentamente le limpió la cara. “Si fuera tan mala, hace mucho que ya me hubieras matado. Querida, tu forma de cocinar es incuestionable. Es la comida en sí, no lo que tú haces. Los alimentos hechos con trigo, cebada y centeno, hacen que me enfermen. Roderick lo llama gluten”.

“¡Válgame!”, respondió Pechal con cara de desconcierto.

“No tengo tiempo de explicaciones por ahora. No debí haber venido aquí primero. Debo ir con la princesa Cristiana”, dijo Alcher. “Ella está enferma y el rey ha pedido mi ayuda”. Alcher se inclinó para tomar la alforja.

“La pobre princesa no se ha sentido bien últimamente. Me rompe el corazón”, contestó Pechal con cara de sufrimiento. “Buena suerte”, dijo ella con una sonrisa forzada. “Te amo”. 

“Gracias, La voy a necesitar. Yo también te amo”, suspiró Alcher, a la vez que besaba a Pechal en la mejilla. Alcher se dirigió hacia la puerta.

Pechal se sentía aliviada de que Alcher por fin estaba en casa. Ella regresó a cuidar la fogata y a la vez que se le vinieron a la cabeza tantos pensamientos. Aunque no conocía todos los detalles, se sentía mejor de tan solo saber el porqué él estaba enfermo. Se había sentido tan incapaz cuando veía a su esposo decaer lentamente. Poco sabía que sus habilidades y talentos jugarían un rol muy importante en la salud de Alcher. 

Capítulo 5 

Los niños en tiempos medievales tenían que ser combatientes desde el minuto que nacían. Su sobrevivencia podría haber sido decidida con una simple moneda al aire – si salía cara lo lograban, si salía cruz no lo lograban. A diferencia de los campesinos, la realeza podía permitirse condiciones de vida mucho más saludables y una fuente adecuada de alimentación. Les permitía inclinar la balanza de sobrevivencia a su favor. Sin embargo, ni la alimentación, ni el dinero podía garantizar la sobrevivencia de los niños. El rey Bernard y la reina Lorelle perdieron a su primer y único hijo, por una infección semanas después de su nacimiento. El perder a su única hija la Princesa Cristiana habría sido impensable.

Para la realeza, el criar niños era muy a menudo el deber de alguien más y no de los padres. Se contrataban nanas para realizar “tareas maternales” como alimentar, bañar y confortar a los niños, a menudo hasta la primera infancia. Alrededor de la edad de los 7 años, muchas veces los niños eran enviados a vivir con otra familia de la realeza.

Los niños se convertían en aprendices y estudiaban acerca de religión, cacería, lectura y escritura, matemáticas e idiomas. Alrededor de la edad de 14, se convertían en escuderos o caballeros en entrenamiento – justo como lo era el escudero de Alcher, Cavalon. Las niñas recibían una educación muy diferente o ninguna en absoluto. Si eran afortunadas, se les enseñaba a leer o a escribir. Después de todo, se esperaba que una futura esposa real administrara su propia casa, pero también ayudara a su esposo a administrar las otras propiedades que él poseía. Las niñas también eran instruidas en las bellas artes de música, poesía, narración de historias así como en modales y cortesía. Los hijos de los campesinos tenían poca o nada educación. Se esperaba que ellos trabajaran en los campos o ayudar a sus padres para que la familia pudiera sobrevivir.

Cuando Alcher se acercaba a la recámara de la Princesa Cristiana pudo escuchar las voces del rey y la reina. La enfermedad de Cristiana debía ser muy seria para que ambos estuvieran ahí. Alcher respiró profundo y suavemente tocó a la puerta. Se le dijo que entrara.

Las bisagras rechinaban a la vez que la puerta se abría lentamente. Él entro a una habitación decorada con elegancia. Colgando de las paredes de piedra había coloridos paneles de tela confeccionados por expertos, eran conocidos como tapices. Varias sillas de madera talladas a detalle ofrecían a las visitas un lugar cómodo donde sentarse. El piso frío de piedra estaba cubierto con alfombras gruesas del lejano oriente de Asia. Una chimenea grande con grabados decorativos en la piedra lo que producía una luz brillosa, pero también ayudaba a eliminar el frío y la humedad. La Pieza central de la habitación era por supuesto, la cama. Las camas eran algunas de las piezas más caras de muebles en un castillo; era una señal de gran riqueza. Cada una de las cuatro esquinas tenía postes que alcanzaban casi el techo. En lo alto de los postes había una cubierta estilo carpa con cortinas que caían hasta el suelo. Cuando las cortinas eran cerradas, creaban un espacio privado y de tranquilidad. La cama estaba puesta en una plataforma como si fuera un escenario para mantenerla lejos del piso frío. Un colchón suave y relleno de plumas estaba encima con varias almohadas y una colcha con una elaborada decoración. ¡Verdaderamente era una habitación digna de una princesa!

Cristiana yacía en la cama a la vez que el rey le sostenía su mano y la reina suavemente le acariciaba el cabello, con la esperanza de ofrecerle algo de confort. Alcher soltó sus alforjas y caminó hacia ellos. Alcher podía ver la cara de preocupación de los reyes. Cristiana tenía sus manos sobre su estómago y lucia muy incómoda. Le dolía verla así, porque él sabía lo que era sentirse así de enfermo. Él quería tomar ese sufrimiento para él mismo con el fin de evitarle a la princesa ese dolor.

“Buen día mi señor y señora”. Alcher se inclinó ante el rey y la reina. “Vine aquí tan pronto como me fue posible. Lo siento si la princesa se siente terrible. ¿Cómo puedo servirles?”. 

“Como puede ver Cristiana está enferma”. El rey Bernard veía a su hija y se notaba dolor en su mirada. “Varios doctores la han revisado pero ella sigue enferma. Estamos desesperados. No podemos quedarnos de brazos cruzados y ver como se desgasta”. 

La reina Lorelle frunció el ceño y asintió con la cabeza. “Sabemos que usted estaba muy enfermo igual que Cristiana y buscó la ayuda de un mago. ¿Lo pudo ayudar él?”. 

“Sí, él lo ha hecho. Desde que he seguido sus consejos, he mejorado cada día”, replicó  Alcher.

“¿Qué fue lo que él hizo? ¿Le hizo un hechizo mágico? Preguntó el rey Bernard con la ceja levantada”.

“Desearía que fuera tan fácil,” sonrió Alcher, sabiendo el esfuerzo que se tomaría. “No fue un hechizo mágico. Él se dio cuenta que ciertos alimentos me estaban enfermando y me mostro una nueva forma de vida”. 

“¿Está usted diciendo que yo sirvo comida de baja calidad e inaceptable?”, protestó el rey Bernard.

“No creo que es necesario recordarle que su propia esposa ayuda en la cocina, tenga por segura que ella no estará muy contenta al saber esto”,  agregó la reina Lorelle con un tono muy serio en su voz.

“Yo no estoy diciendo eso su majestad”, se disculpó Alcher. “Usted tiene la mejor comida y los mejores cocineros en la cocina, incluyendo a Lady Pechal. Permítame, por favor, explicarle”. 

Sabiendo que podría ser difícil de entender para los demás, Alcher pacientemente les explicó que no era la calidad de la comida o la forma en que era preparada. Para hacerlo más fácil, Alcher usó el veneno como un ejemplo. La realeza entendió lo del envenenamiento porque era una manera muy común para cualquiera con el fin de removerlos del poder – por siempre. Catadores de alimentos eran parte del personal de la realeza. Era su deber el probar, antes que nadie,  la comida y la bebida para cerciorarse que era segura. Alcher les dijo que el gluten era como un veneno. El gluten era tan tóxico que aún y una cantidad muy pequeña del tamaño de una migaja podría hacer que alguien estuviera muy enfermo. Continúo compartiendo algunos de sus conocimientos y experiencias que vivió en el tiempo que pasó con Roderick el mago.

En tiempos de antaño, el comer era algo que podía hacerse sin la necesidad de preocuparse  o de pensar en ello. Nunca se tomaba en consideración lo mucho que la comida afectaba cada aspecto de la vida diaria. La comida no solo alimenta el cuerpo, también alimenta las actividades sociales que los humanos requieren para estar felices y saludables. Desde tiempos inmemoriales, la comida ha sido usada para reunir a la gente. Reuniones, cacería, sembrar, cosechar y preparar alimentos era un esfuerzo de grupo que requería ayuda de cada uno. El comer y la comida tienen también una fuerte conexión emocional. A través de la comida se puede demostrar amor, confort, recompensa y celebración.

“¡Tonterías!”, gritó el rey a todo pulmón, asombrando a la princesa durmiente. La cama rechinaba cuando, con esfuerzo intentaba levantarse con su cuerpo en forma de barril. El rey Bernard lentamente se acercó a Alcher y  con su dedo que parecía una salchicha golpeteó su pecho. “¡Te pedí que nos ayudaras, no que llenaras nuestros oídos y cabezas con cosas absurdas!  Hemos estado comiendo trigo desde siempre, ¿cómo puede estar causándonos daño? Incluso la Sagrada Biblia nos habla del pan hecho con trigo y cebada”, protestó el rey.

La habitación se llenó de mucha tensión. La reina Lorelle lucía mucho más preocupada, a la vez que giraba la cabeza una y otra vez para ver a su esposo y a Alcher, insegura de que seguiría después.

“Rey Bernard, no quiero faltarle al respeto a nuestro dios o a usted. Me disculpo por causarle malestar, no era mi intención”,  replicó Alcher con voz calmada. “Usted pidió mi ayuda. Usted preguntó acerca del mago. La reina Lorelle preguntó si el mago me había ayudado. Yo lo estoy ayudando de la única manera que sé – respondiendo honestamente a sus preguntas y compartiendo mis experiencias. Usted sabe que yo arriesgaría mi vida para ayudar a la Princesa Cristiana. Ya lo he hecho en el pasado y lo seguiré haciendo hasta que me sea posible”. 

“Yo lo sé, yo lo sé, Alcher”, dijo el rey apenado y con voz más tranquila. El rey miró directamente a los ojos azules del caballero y puso ambas manos en los hombres de Alcher. “¡Gracias! Dejé que mis emociones me dominaran, lo siento. Como puede ver, esto es muy preocupante y me tiene nervioso. Estaré siempre agradecido de cualquier sugerencia o consejo que me ofrezca”.

“Yo también estaba confundido cuando Roderick me dijo por primera vez esas mismas cosas”, Alcher asintió con una sonrisa tranquilizadora. “Es difícil de creer al principio, pero después de pasar un tiempo con él, llegue a confiar en él. Él tiene profundo conocimiento del pasado, presente y futuro. Él sabe cosas que son imposibles de saber y tiene poderes más allá de todo entendimiento. Supongo que si él no los tuviera, él no sería un buen mago. Además de todo, él es amable, comprensivo y muy generoso”. Alcher señaló hacia la puerta y dijo, “Mis  alforjas están llenas de objetos que él me dio y que nos ayudaran”. 

Como el rey habló de “hemos comido gluten desde siempre”,  Alcher quería compartir lo que Roderick pensaba al respecto.

Nuestros antecesores de la edad de la piedra que vivieron hace dos y medio millones de años comían libre de gluten. Su dieta consistía principalmente de animales salvajes, huevos, pescado, frutos secos semillas, bayas, frutas, vegetales, hojas y raíces de las plantas. Hace diez mil años, cambiaron de ser cazadores a ser agricultores. Descubrieron que si sembraban  cultivos como el trigo, podrían obtener comida en mayores cantidades.

Los humanos han sido libres de gluten por más del 99% de su existencia. Roderick sabía que la persona promedio podría tener problemas para entender millones o miles de años, así que creó su propio ejemplo. El redujo el período de tiempo a un año del calendario, donde la fecha de hoy es 31 de diciembre a las 11:59 pm – el último minuto del último día del año en curso.

Comenzando enero del año en curso, celebramos al año nuevo con un gran festín libre de gluten. Continuamos con nuestra libertad de no tener gluten hasta el 30 de diciembre. Al acercarse la hora de la comida, comenzamos a comer gluten. En el ejemplo de Roderick los humanos han estado comiendo gluten por tan solo un día y medio. El gluten es algo tan nuevo que el organismo de los humanos no se han adaptado para digerirlo apropiadamente. La forma en que nuestro organismo reacciona, le corresponde a nuestro sistema inmunológico.

“¿Sir Alcher?” dijo Cristiana en una voz débil y entrecortada. “Me da gusto que esté aquí. Yo sé que usted será capaz de ayudarme a mejorar”.

Alcher encaminó sus pasos hacia Cristiana y puso sus ásperas manos sobre las de ella. “Querida, siento mucho que estés enferma”, dijo suavemente. “Te prometo que haré mi mejor esfuerzo”, se lo decía a la vez que se inclinaba para besarla en la frente. “Ahora, trata de descansar. Yo debo irme ahora, pero regresare después”. Apareció una sonrisa de alivio a la vez que ella cerraba sus grandes ojos de color café.

“Ella lo adora, Alcher”, susurró la reina Joelle. Alcher sonrió a la vez que silenciosamente volvía junto al rey.

Desde que era una niña, la princesa tenía una buena conexión con ambos; Sir Alcher y Lady Pechal. Ellos pasaban tiempo con ella, aunque fuera tan solo unos minutos. Esta unión fue mucho más estrecha cuando Alcher la salvó del dragón unos años atrás. Pechal y Cristiana hacían representaciones de los cuentos acerca de princesas en reinados lejanos. Cuando la princesa era más grande, Alcher la paseaba en su espalda como si fuera un caballito galopando por toda la habitación y haciendo ruidos como de caballo. Risillas y carcajadas de ambos llenaban la habitación. Cristiana nunca quería parar y siempre suplicaba por “una más”. Las niñeras tenían que intervenir y pedirle que le diera un descanso a Sir Alcher. Usualmente esto provocaba que tanto Cristiana y Alcher fruncieran el ceño aunque él ya sabía que tenía que cumplir con sus obligaciones diarias.

Algunas veces el mundo trabaja de formas misteriosas y maravillosas. Aunque Pechal y Alcher no tenían la bendición de tener hijos, ellos fueron capaces de abrir y compartir su corazón con Cristiana. Tal vez esto era la forma del universo de mantener un balance. Cada uno tenía lo que justamente necesitaba.

“Es mejor que me vaya a hacer mis tareas. Necesito encontrar algo en los tesoros de Roderick que pueda ayudar a Cristiana”, dijo Alcher. 

“¡Gracias! Buena suerte en tu búsqueda”, replicó el agradecido rey. “Haznos saber lo que encuentres”. 

“Lo haré”, dijo Alcher a la vez que caminaba hacia sus alforjas. Una vez más, levanto el muy bien protegido cargamento. Volteó por última vez para ver a la princesa durmiendo antes de salir.

Capítulo 6 

Alcher se encaminó hacia el castillo, acercándose cada vez más a su hogar. El caballero y su bella dama Pechal, no vivían exactamente en el castillo, vivían en una casa señorial que se encontraba cerca del castillo. En un reinado medieval como lo era el del rey Bernard, el rey era dueño de todo el territorio. Como único terrateniente, él decidía como era dividido. El rey Bernard concedió a Sir Alcher una parcela de tierra y una casa. Éste no era un regalo generoso del rey; él no obtenía su riqueza al regalar sus pertenencias. A cambio de la propiedad, se esperaba que Alcher ayudara a proteger al rey y a su reinado.

Finalmente en casa, Alcher abrió la puerta y entró. Estaba encantado y aliviado de estar de regreso. Era común en él estar alejado, viajando por diferentes partes del reinado, pero esta vez fue diferente. Él se sentía como si regresara a casa como una nueva persona. En cierta manera, esto era verdad.

Entró a la casa, puso las alforjas en la mesa del comedor y suspiró en señal de alivio. El contenido de éstas, le proporcionó la esperanza de resolver los problemas de salud de la princesa Cristiana. Se le quitó un gran peso de sus brazos, pero el de la salud de Cristiana todavía era un gran peso en sus hombros.

Alcher estaba cansado, pero sabía que no había tiempo para el descanso. Uno a uno, sacó los objetos y los puso sobre la mesa. Todo lo que Roderick le había empacado estaba ahora a la vista.

“Ya veo el por qué las bolsas eran tan pesadas”, masculló Alcher. Había manuscritos griegos antiguos en papiro. Afortunadamente Roderick los había traducido al inglés  porque para Alcher todo “estaba en chino”. Había varios pergaminos enrollados, todos escritos por el mago, donde describía sus observaciones y su pensar en una gran variedad de condiciones médicas.  También se encontraban infinidad de envases de pócimas, polvos y hierbas. Algunas de las cosas dejaron a Alcher rascándose la cabeza, preguntándose el uso de ellos.

El rechinido de las bisagras de la puerta principal interrumpió el trance de confusión de Alcher. Lady Pechal regresaba a casa de sus deberes en la cocina del rey. Sorprendida de encontrarlo ahí, corrió a abrazar a Alcher. Cuando se habían visto más temprano en la cocina, no habían tenido tiempo de hablar de todo lo sucedido. Finalmente, tuvieron tiempo de ponerse al día uno con el otro.

“Así que, ¿cómo estaba Cristiana?”, preguntó Pechal.

“Estaba adolorida. Lucía inquieta, sin poder sentirse cómoda”, replicó Alcher con el ceño fruncido. “Ella estaba segura que yo podía ayudarla”. 

“Yo también estoy segura”, agregó Pechal.

“Después de haber sacado todas las cosas de Roderick, no estoy tan seguro. Yo pensé que era capaz de hacer algo, pero no tengo ni idea”, dijo Alcher.

“¡Por favor, cuéntame de tus aventuras con el mago!”,  exclamó Pechal.

“Hay tanto para contar, que no sé por dónde comenzar”, suspiró Alcher. “Su casa, si se pudiera llamarle así, no es una construcción como nosotros conocemos. Es difícil de describir, porque no hay nada con que compararlo. Luce más como si hubiera crecido de forma natural, en lugar de haber sido construido por la mano del hombre. Es una combinación de pasto, lodo, arena, arboles, rocas y vida vegetal. Se entremezclaba con el panorama, casi oculto. Cuando tú vas adentro, juras que está vivo. Casi puedes sentir vida latiendo a través de ella. Había una brisa ligera en  movimiento constante, como si la casa estuviera respirando. No podías encontrar ninguna línea derecha o alineada. Todo era curveado y fluido, como un río serpenteante que atravesaba el planeta tierra”. 

“Suena tan…sobrenatural”, dijo Pechal.

“Sus conocimientos y experiencia ayudaron a restaurar mi salud. Estar en su presencia fue una experiencia de por vida. Estoy agradecido de haber tenido esa oportunidad”, respondió Alcher.

“Y yo estoy agradecida de tener a mi esposo de vuelta”,  sollozó Pechal. Ella apretó las manos de Alcher fuertemente y lo miró a los ojos. “He estado tan temerosa. Te estabas alejando de mí. Nada podía hacer para detenerlo. Nada. Nunca me había sentido tan inútil en mi vida. Intenté que no te dieras cuenta de mi preocupación. Tú eres tan fuerte por mí y por otros, que yo quería ser fuerte para ti”.

Las lágrimas de Pechal caían sobre la mesa, a la vez que ella bajaba su cabeza. Por más fuerte que Alcher fuera, no pudo controlar sus emociones ni un minuto más. Sus propios ojos comenzaron a lagrimear a la vez que escuchaba a su esposa compartir sus sentimientos por primera vez. En ese momento, fue como si una lanza de justa lo hubiera golpeado. Nunca se le había ocurrido que sus seres queridos también sufrían por lo mismo que él. Todos ellos estaban pasando por lo mismo, cada uno sufriendo la misma situación, pero de diferente manera.

“Todo está bien. Yo estoy bien ahora. Todo estará bien”, susurró Alcher a la vez que cuidadosamente le limpiaba a ella sus lágrimas. “Nosotros sabemos por qué estaba enfermo y sabemos cómo debo cuidarme para no volver a enfermar. Tú eres fuerte. Voy a necesitar de tu ayuda para mantenerme saludable. Todos los que están a nuestro alrededor, la gente que está muriendo de la horrenda Peste Negra. Yo soy afortunado. Solo necesito cambiar mi alimentación”. 

“Tienes razón. Ya es suficiente con la lloradera.

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