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CELIACA
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  • 13 Julio 2010
  • 268
Entre ‘guajolotas’, coyotas y tortas ahogadas, buscamos productos Gluten Free

Lo que son las cosas, mientras en Guadalajara y su zona Metropolitana se enfrascan en una ola de muertes y enfrentamientos entre las bandas contrarias que se “disputan el territorio”, como sucede además en Tamaulipas, en Monterrey, en Morelos, en Guerrero y en, dejémoslo, en varias partes del país. Yo me puse a intercambiar ideas sobre las chilangas  “guajolotas”, las “coyotas” y las “tortas ahogadas”.


Pero muchos se preguntarán de qué habla este individuo. Pues estos nombres no corresponden más que a productos alimenticios tradicionales de tres puntos distantes del México del Siglo XXI, aunque originarias de hace muchos, muchos años atrás.

Les voy a explicar en qué cosiste cada uno de estos tres típicos alimentos mexicanos y qué tienen que hacer en este blog especializado en enfermedad celiaca.

Todo comenzó, porque una chica de la ciudad de México escribió en el Facebook que estaba por comerse una “guajolota”, acompañada de un jugo de naranja y un café. Otra mujer, comentó que ella no le encuentra “el chiste” a una “guajolota”, una combinación de sabores que no le atrae y, por ello, no las come, como hacen miles, cientos, quizá millones de mexicanos, por lo general en horas de la mañanas.

Pero insisto, de qué les hablo. Bueno viene la primera explicación.

La “guajolota” no es más que una combinación de un pan blanco, salado, bolillo, telera –son los nombres que creo explicarían en distintas regiones del orbe al pan que me refiero—, con un tamal tradicional, es decir una bola de masa de maíz, con sabores distintos; pueden ser de mole rojo, chile verde, dulce, queso con rajas, etc, existen decenas de presentaciones. Los venden por las mañanas y por las noches en cualquier esquina y hay ya, también, muchos establecimientos; pero la gente prefiere “los de la esquina”; clásico, afuera de las panaderías.

El consumo lo hacen principalmente empleados de oficinas públicas, privadas, no gubernamentales, de todo tipo; trabajadores de la construcción; cualquier ser humano que camine por las calles de la Gran Urbe con destino a su oficina y casi siempre irá acompañada de un Champurrado, que no es otra cosa más que un atole de chocolate, bien caliente.

Pero el intercambio en el Facebook llevó a las “coyotas”, otro producto típico; éste de Sonora, al norte de México. Este producto se consume casi siempre como postre, después de una buena dotación de carne de la mejor calidad que venden por aquellas tierras. Es una especie de tortilla de harina de trigo, con una especie de mermelada en el centro, que llaman “melcocha” o “panocha” –porque no tiene chile, dicen en son de broma por aquellas tierras—; dulce con muy buen sabor, dicen quienes pueden comerlas. Son muy preciadas por todos los connacionales, pero también por los extranjeros que las llegan a probar. Las mejores son las que se hacen en un pueblo que se llama Villa de Seris, por los indígenas que lo habitaron en el pasado.

Y finalmente las “tortas ahogadas”, que dicen que quien viene a Guadalajara y no come por lo menos una, no conoció el sabor de los tapatíos. Éstas son la cosa más simple de la vida. Un pan blanco o bolillo, que se abre por la mitad, se rellena de carnitas de cerdo, se pone en un plato y se “ahogan” con salsa de jitomate, que puede ser picante o sin picante y se come. Yo no le encuentro en más mínimo detalle para que sean tan demandas, pero les puedo decir que cada media cuadra hay una tortería de éstas y todas venden como se si fueran a acabar en un ratito. Algo tendrán.

De eso platicábamos. Mientras yo les hacia ver que nada de ello puedo comer como celiaco, por su contenido de trigo en los tres casos.

Pero a qué me lleva esto. Así como les comento que en cada esquina encuentran cada uno de estos típicos alimentos –claro en sus ámbitos locales—los productos para celíacos cada vez resulta más complicado conseguirlos, aunque vemos que comienza a haber mayor variedad.

Pero eso no es culpa de los negocios, ni de los comerciantes. Es culpa de los mismos celiacos que no acudimos a comprarlos. Son caros sí, pero nunca vamos a lograr que bajen costos si no hay demanda. Igual con los restaurantes y sus menús Sin Gluten. Cuándo habrá más de éstos si los celiacos no acudimos a ellos.

En tres visitas que llevo a Chang’s, ni un sólo cliente más ha solicitado la carta Gluten Free, por lo menos durante mi estancia en el lugar, ni en el día que voy, porque siempre pregunto. ¿Así queremos que haya más restaurantes con este tipo de comida apta para nosotros? Es cierto este no es un restaurante al alcance de cualquier bolsillo, ni para todos los días, pero de vez en cuando, creo que vale la pena darse un lujo.

Me decía un amigo celiaco, que conozco como Alex, que fue a Wall Mart y no encontró un sólo producto Great Value que dijera que es libre de gluten. le respondí que si había leído las etiquetas, porque según comentó, preguntó a los empleados –que en la mayoría de los casos desconocen esta situación-. Yo lo hice personalmente y por lo menos encontré diez productos con la leyenda “Naturally Gluten Free Foods”, no sabré leer o no lo hizo nuestro compañero. Hagamos un esfuerzo mayor por nuestra salud.

Así como quienes pueden le “entran con singular alegría” a su torta de tamal o “guajolota”, así deberíamos hacerlo nosotros con los productos que tenemos a la vista que “nos hacen” favor de traernos a México.

¿No creen que vale la pena hacer algo por tener una mejor calidad de vida y con precios más accesibles?

Los invito a que reflexionemos en qué hacemos por nosotros como individuos y como gremio.

Un abrazo a todos.

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