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CELIACA
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  • 21 Marzo 2011
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Uno no elige ser celiaco

Ana Villanueva es una periodista argentina que se ha animado a contar a través de la red, en un sitio conocido como OhLalá, su experiencia después de haberse conocido como Celiaca, después de un diagnóstico que en primera instancia le causó una gran  contrariedad, pero que después, nos dice, ha aprendido a sobrellevar con muy buenos resultados y, lo más importante, con una mejoría palpable en su condición de vida.


A través de su relato, Ana no da a conocer cuales son las mejores condiciones en las que los celiacos debemos actuar para evitar trastornos no deseables.

Dice nuestra colega argentina que el día en que la diagnosticaron, ella “estaba en otro planeta: el del mundo perfecto, donde a una nunca le va a tocar nada malo, y donde enterarse ya es un problema. Además, no tenía idea de qué era la celiaquía. Pura negación.

Desde que tengo memoria –continpua en su relato-, mi vida fue con “dolor de panza”. Comía y se me hinchaba como un globo. Como esa parecía ser la única realidad posible, simplemente me esforzaba en desconectar mente y cuerpo y seguir adelante. Días, semanas, meses, años.

Pero las últimas vacaciones fueron una tortura. Todo era la panza. Sentía que me apagaba, que envejecía dos años por mes. Abatida y sin ganas de nada, consulté a mil médicos. “Mastica despacio”, “No te estreses”, “Toma este granulado”. Entré a ver al cuarto gastroenterólogo como si fuera a hacer un trámite. Salí como si me hubiese pisado una aplanadora: era celíaca. Manejé al trabajo llorando y pensando cómo haría para evitar el pan y las cosas que me gustaban. ¿La verdad? No lo sabía ni me creía capaz.

Sin embargo, muy dentro de mí, intuía que la vida mejoraba. Con el apoyo de familiares y amigos, lo más difícil llegó a ser placentero: que preparen con amor y paciencia un plato sin gluten para vos es muy reconfortante. ¡Y nunca más un dolor de panza!

Saber y aceptar. Pedir ayuda y conectarse con los propios límites, que llegan para decirnos que no somos ilimitados, pero que podemos más de lo que creíamos. Hace dos años que hago la dieta, y es posible. El paraíso perdido se convierte en un mundo real ganado. Y por aquí me viene pasando la felicidad. Tengo “condición celíaca”, pero “soy” muchas cosas más.

¿Qué es la celiaquía?

Ana describe a su forma la Enfermedad Celiaca y nos dice: Todos conocemos a alguien celíaco. No es casual: una de cada cien personas lo es, pero se calcula que en la Argentina, de 400 mil celíacos, sólo lo saben 25 mil.

¿De qué se trata esta patología?

Es la intolerancia intestinal al gluten, proteína que se encuentra en el TACC (trigo, avena, cebada y centeno). El tratamiento consiste en una dieta de por vida “libre de gluten” o “sin TACC”. La celiaquía se trae en los genes y puede despertarse en cualquier momento de la vida. Aunque aún se desconoce el disparador, lo que sí se sabe es que a las mujeres se les activa más que a los hombres. A su vez, es una enfermedad de las autoinmunes; esto significa que el sistema inmunológico, que nos protege de cualquier enfermedad, en el celíaco interpreta el gluten (específicamente, la gliadina) como enemigo, se pone en guardia y lo ataca cada vez que lo detecta.

Consecuencias

Si un celíaco sigue comiendo gluten, ocurren dos problemas:

1) las vellosidades del intestino dañado no consiguen absorber correctamente los nutrientes de las comidas, y ello deriva en otras enfermedades (por ejemplo, la anemia);

2) los anticuerpos se activan constantemente para atacar al enemigo “gluten” y, a la larga, generan mecanismos de ataque paralelos y otras enfermedades autoinmunes (como el hipotiroidismo).

¿Cuándo consultar?

Pero nuestra colega periodista del sur de América, va más allá y sugiere, por conocimientos de la medicina adquiridos en su investigación, que hay que consultar a un médico clínico, gastroenterólogo o pediatra si se dan algunos de estos síntomas o antecedentes:
– Se es familiar directo de una persona celíaca.
– Tienes diabetes tipo 1.
– Tienes autoinmunidad tiroidea (hipotiroidismo, hipertiroidismo, tiroiditis de Hashimoto).
– Padeces anemias que no responden al tratamiento.
– Sufres diarrea crónica, vómitos o constipación.
– Tienes trastornos óseos.
– Presentas excesiva resequedad en la piel, caída del cabello o alteración del esmalte dental.
– Eres fácilmente irritable.
– Sufriste abortos espontáneos, sin explicación medica lógica.
– Vives con distensión abdominal (dolor e hinchazón) o intestino irritable.

La dieta

La ley fundamental es: “Un gramo es igual a un kilo“. Para el caso, comer una miga de pan hace tan mal como comer un kilo: las vellosidades del intestino delgado se atrofian igual. Y tardan entre tres y seis meses en recuperarse. Mientras tanto, vos no absorbes bien los nutrientes del resto de la comida. Por eso, la segunda ley es: “Lo que conseguiste en meses puede arruinarse en un segundo“. Así que cuando escuches: “Por una vez, ¿qué te puede pasar?”, toma aire, ármate de paciencia y recuerda que sólo la dieta permanente te permite lograr la salud. Y si puedes, compártelo.

¡Viva todo lo permitido!

La clave es reconciliarse con la limitación que el propio cuerpo dicta. Uno no elige ser celíaco, pero sí puede elegir sentirse bien. Para eso, hay que conocer bien los alimentos y sus ingredientes y desarrollar la imaginación y la creatividad a cada rato.

Es cierto, llevar una alimentación libre de gluten no es fácil. Los productos elaborados son caros, se consiguen en pocos lugares (fábricas específicas, hipermercados y dietéticas) y tienen más calorías y grasas. ¿Qué te recomendamos?

– Organízate con tiempo: pregunta antes de una reunión qué van a comer para saber qué llevar e informa qué puedes consumir. Los caterings suelen ofrecer opciones para celíacos.

– Ordénate en las comidas priorizando aquello que puedes comer libremente: frutas, verduras, carnes, pescado, arroz, etc.

– Incorpora lácteos y productos permitidos. Pero ojo con los elaborados con harina de arroz y de maíz: tienes que comer en poca cantidad. Paradójicamente, la tendencia en los celíacos es a engordar.

(Fuente original)

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